- BON VOYAGE (ES)-

Al final

quedamos 

como amigos

que jamás

se volvieron a hablar.



El corte


con el bisturí


fue preciso


indoloro.



¡Felicidades!



Después


de un mes,


me vine a dar cuenta


de todo.



El miedo


a que me dejaras


lo usaba


otro;


el de que un día


lo nuestro


se acabaría,


para esconderse.

 


Aguanté


así


dos


años.


Al


tercero,


aprendí


que solo eran


ecos


que la cueva


recorrían.



Burro


cargado


coge


camino...


Me enseñó mi abuelo


y un libro


sobre independentismo.



Hace no mucho


el día de Navidad


vi tu foto de perfil.


Me enseñaste


que ese vacío


que rellenabas


con los paisajes


de los países


a donde huías


de ti


no estaba


preparado


para mí.


Menos mal


que todavía


aguanta mi cara


el carnet del DNI.



No te voy a mentir:


no me alegro por ti.


Al final


el bisturí


traía rumbre


de lo que empezó


en el parque


donde nos dijimos


por primera vez:


«Esto no puede seguir». 



Pero bueno, 


ya que lo pusiste


ahí,


donde nunca llegué,


tal vez con él


no tengas miedo


a tener hijos.



Tal vez con él


no tengas miedo


a presentárselo


a tus padres.



Voy a acabar


que demasiado 


verso


te acabo de dedicar.


En toda historia de amor


alguno tiene que ser


el despechado


al que le toca


una serenata


entonar.



Bueno, 


si tal,


a tu amigo,


cuando lo pases


por ese oxidado cuchillo,


adjúntale mi contacto;


que para consejos


sobre como llevar


el postoperatorio,


me encontrará


donde vienen a morir las olas,


en San Andrés,


mientras susurran:


«Au revoir»





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